martes, 1 de marzo de 2016

Andrés D'Alessandro se besó la camiseta y le gritó el gol de River Plate en la cara a miles de hinchas de Boca Juniors 2003

Recuerdo del día en que Andrés Nicolás D'Alessandro se llenó el pie de gol y los pulmones de felicidad jugando para River Plate en la Bombonera

- Equívocamente el contexto sociocultural actual en el que vivimos los argentinos y los ciudadanos latinoamericanos en general, y que naturalmente envuelve al Fútbol Argentino, admite acciones como insultar desmedidamente, realizar acusaciones provocativas o bromas xenófobas y de humor negro (sentí la indirecta, Osvaldo) dentro del campo de juego, abusar del juego brusco y agredir físicamente con el objetivo primario de lastimar y lesionar al oponente, o intentar sacar ventaja deportiva sucia y desleal por parte de los futbolistas para con sus colegas rivales, como parte del “Folklore del Fútbol Argentino”. Lamentablemente este repudiable accionar también ha sido en alguna ocasión perpretado por protagonistas del glorioso Club Atlético River Plate. La cosmovisión futbolística que tenemos todos los integrantes de Expediente River entorno a esta cuestión entiende, por ejemplo, que besarse la camiseta tras convertir un gol importante como sanas y sinceras manifestaciones de amor y lealtad por los colores que conforman el verdadero Folklore de nuestro fútbol. Lamentablemente en la actualidad besarse la casaca ante la fija y shokeada mirada de los adversarios o directamente sacársela y revolearla con una locura galopante, es sancionada con amonestación o incluso con expulsión. Claramente desde este humilde sitio queremos reivindicar ese acto sublime e incomparable de contacto pasional entre los labios del goleador y el manto sagrado que lo uniforma mientras los soldados malheridos del ejército rival fijan su mirada en un verde césped que ahora parece teñirse de dorado, porque ha sido bañado de gloria ajena. Ni hablar de los miles que atónitos le hacen culto al silencio en las sepulcrales tribunas del bando derrotado o los millones que observan los sucesos por televisión u otros medios, mientras blasfemamente maldicen el día en que juraron amor eterno por un estilo de vida gobernado por un esférico que manipula nuestras vidas. ¿Acaso existe algo más lindo que el retrato del héroe que fue a campo enemigo y tras lograr la hazaña de vencer a pesar de la adversidad les enrostra a los caídos los colores del triunfo? Pues nosotros sentimos que no. Por consecuente, en esta ocasión venimos a recordar un hecho de esta índole sucedido hace trece largos años cuando un joven y talentoso D’Alessandro, hombre que recientemente retornó al “club de sus amores” en busca de redención, rindió homenaje al folclore nacional y a la vida misma besando la camiseta de River Plate en la Bombonera tras un auténtico golazo. Yes, D’Alessandro yes.

D'Alessandro defiende la pelota ante la inútil marca de Cascini. De fondo mira Cavenaghi.

Un joven y explosivo D'Alessandro cambia de velocidad y deja atrás a su marcador, quien lo persigue sin éxito

El 1 de junio de 2003 el River del Ingeniero Manuel Pellegrini visitó al Boca de Carlos Bianchi en el encuentro correspondiente a la Fecha Nº14 del Torneo Clausura de dicho año. Aquella edición del Superclásico Mundial se disputó en un Estadio Alberto José Armando colmado por miles de hinchas Millonarios que le realizaron una impresionante y recordada bienvenida al elenco de Núñez, que por consecuente pareció ser más local en la Bombonera que el mismísimo equipo xeneize. A los 10 minutos del primer tiempo Esteban Fuertes realizó una estupenda jugada en el área rival donde le traslado la pelota a Claudio Husain, éste asistió al siempre bien ubicado Eduardo ‘El Chacho’ Coudet que recibió, eludió a tres defensores boquenses y tocó atrás para que de primera, Andrés Nicolás D’Alessandro conectase el esférico con un tremendo zurdazo que le rompió el arco al Pato Abbondanzieri y estableció la ventaja parcial. Inmediatamente tras convertir su gol, el 10 rojiblanco salió gritando disparado hacia la tribuna donde se encontraba la eufórica parcialidad visitante colmando las bandejas media y alta, para dedicarle el tanto a ellos y besarse la legendaria camiseta de River en medio de una Bombonera atónitamente enmudecida. Luego, tras el abrazo con sus compañeros, dirigió la mirada nuevamente a la gente de River y repitió el beso a la casaca para después dar media vuelta y regresar a la mitad del campo de juego. Lamentablemente a pesar de la victoria transitoria del conjunto de Leonardo Astrada por dos tantos contra cero (D’Alessandro a los 10’ y Cavenaghi a los 39’), dos goles de Guillermo Barros Schelotto establecieron el empate 2-2 final. De cualquier manera el título quedó en manos del Más Grande al obtener 43 puntos en 19 fechas; Cuatro más que el subcampeón, Boca Juniors. De aquel olvidable empate con sabor a derrota únicamente podemos destacar la magnífica actuación de un joven e inspirado D’Alessandro que desde el inicio del match se transformó en el dolor de cabeza más grande de toda la defensa xeneize, especialmente del rústico Raúl Cascini, y que tirando La Boba y demostrando mucho fútbol, despliegue y personalidad, logró convertirse la figura de River aquella tarde. Una vez obtenido el Torneo Clausura 2003 en junio de dicho año ‘El Cabezón’ fue vendido al VfL Wolsfburgo en €9.663.800, tras jugar su última  y mejor temporada en el club de Núñez, donde disputó 40 partidos, marcó 14 goles y se retiró campeón, con la 10 en la espalda y siendo capitán del equipo.

Aquella fría tarde de junio Andrés D'Alessandro convirtió el primer gol del Superclásico y volvió loca a la defensa xeneize durante los 90 minutos

En épocas donde se le daba dos bandejas a los visitantes Boca ponía el estadio y River la fiesta, pajarito

Gol de Andrés D'Alessandro a Boca Juniors correspondiente al Torneo Clausura 2003

En toda su carrera D'Alessandro enfrentó 7 veces a Boca Juniors: Ganó 4, empató 2, perdió 1 y le marcó un gol jugando en la Bombonera



A pesar de su buen rendimiento en el VfL Wolfsburgo alemán donde en 71 encuentros anotó 10 tantos y realizó 19 asistencias, el por entonces mediapunta de la Selección Argentina fue transferido al Portsmouth FC inglés donde no tuvo continuidad, luego pasó al Real Zaragoza de España, más tarde dejó Europa y regresó a la Argentina pero curiosamente para vestir la camiseta de San Lorenzo de Almagro y finalmente pasó a Internacional de Porto Alegre a mediados de 2008, donde jugó más de siete años y rápidamente se convirtió en capitán, ídolo absoluto y figura indiscutida ganadora de 11 títulos (6 estatales y 4 internacionales entre los que se destacan la Copa Sudamericana 2008, la Copa Suruga Bank 2009, la Copa Libertadores de América 2010 y la Recopa Sudamericana 2011). Tuvieron que pasar casi trece años para que Andrés Nicolás D’Alessandro, uno de los tantos talentos surgidos en la legendaria cantera Riverplatense, retornase a la institución que lo acobijó desde pequeño y lo formó como futbolista y principalmente como ser humano. 

Seguramente esta inesperada llegada de Andrés le provoque a muchos una enorme felicidad, e incluso emoción, por el hecho de ver a otro hijo pródigo del club buscando (re)triunfar en su lugar de origen. Pero la realidad indica que los millones que componemos la gran masa de hinchas de River a lo largo y ancho del mundo no experimentamos las mismas sensaciones de aquella minoría mencionada. Para muchos de nosotros es complicado aceptar que ex referentes, porque evidentemente la palabra “ídolo” está a años de luz de definir y caracterizar a este tipo de personajes, vuelvan al CARP en una situación tan cómoda, gloriosa y prometedora a futuro como la que dejaron ellos al momento de partir. Este maravilloso presente no se construyó de la noche a la mañana y mucho menos con el sudor de todos los que en la actualidad regresan para recibir un inmerecido aplauso por parte de los que más sufrimos en épocas de vacas flacas, los hinchas. Fue el arduo y constante trabajo de cientos de personas que genuinamente aman y viven por y para River, el que logró esta inmejorable realidad que años atrás, parecía una auténtica utopía. El profesionalismo y dedicación con el que se manejaron los planteles y cuerpos técnicos desde el ascenso a la actualidad, la excelente gestión de Rodolfo D’Onofrio y compañía, naturalmente el apoyo y participación constante de los más de 124.000 socios y el aliento de los más de 18 millones de hinchas y el compromiso a pesar de la adversidad que tuvieron casos puntuales como Marcelo Gallardo, Matías Almeyda, Fernando Cavenaghi, Alejandro Domínguez, David Trezeguet, Leonardo Ponzio y Ariel Ortega, fueron los pilares que levantaron institucional y deportivamente a un gigante que en la actualidad se jacta de ser el campeón vigente de la Copa Libertadores de América y el flamante subcampeón Mundial de Clubes ante el FC Barcelona de Lionel Messi en Yokohama. Porque si, de la mano del Muñeco volvimos a Japón.

Dejando un poco de lado la generalidad de los casos y el análisis de los demás traidores, al momento de tocar el delicado tema Andrés D’Alessandro, tal y como señaló Ariel Cristófalo en su columna de opinión para La Página Millonaria, el que esté libre de haber puteado cuando firmó con San Lorenzo y no con River, cuando fue a Inter y no a River, cuando renovó con Inter y no fue a River, cuando renovó con Inter y no fue a River y cuando renovó con Inter y no fue a River, que tire la primera piedra. El que no se ilusionó en vano tantas veces con declaraciones sacadas de contexto, con intentos tribuneros de –gracias a Dios- viejas dirigencias Millonarias, que arroje la segunda. Y que lance la tercera el que no se haya disfrazado de tachero para repetir los hits “Son todos mercenarios, solo les importa la guita” o “Acá te matamos el hambre, no sean desagradecidos”. Pero con tal de que el tipo tire La Boba una vez más y aporte su amplia cuota de goles y jerarquía para que River gane y salga campeón, todos preferimos aplaudir y meternos el orgullo y el recelo en los bolsillos. Porque primero somos hinchas de River, después seres egoístas que amamos tener la razón y afirmar erróneamente que predijimos eso que era obvio que sucedería. Porque inclusive nosotros los que miramos de reojo los retornos de Pablo Aimar, Javier Saviola, Luis González y ahora de Andrés D’Alessandro, sabemos que cuando lo tipos se ponen nuestra camiseta inmediatamente cuentan con nuestro apoyo por ser los representantes de la institución en el verde césped, y anhelamos a cada segundo que Dios los ilumine para que tengan el mejor nivel de sus carreras mientras defiendan La Banda Roja. Bienvenido nuevamente al club, Cabezón. Tenes la inmejorable oportunidad que otros no pudieron tener de limpiar en algún punto la fea imagen que vos solito te ganaste en el último tiempo. Claramente no llegarás nunca a ser ídolo, pero permitite a vos mismo devolverle algo al club y a la gente que tanto te dio para que cuando en el futuro vuelvas al Monumental simplemente en calidad de espectador, el público te pueda ovacionar merecidamente por tu exitosa segunda etapa en River Plate. ¡D'Ale River, D'Ale!

3 comentarios:

  1. Hola
    El Dt en ese torneo fue Manuel Pellegrini

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    1. Gracias por el aporte, la corrección ya fue realizada. Saludos!

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  2. Y en el último Superclásico en ese "estadio" ya experimentado y con años encima igual se los paseó a los pimienteros y al yogurísimo del pueblo. ¡Grande Cabezón!

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